Nos sentimos culpables cuando consideramos que no nos comportamos correctamente. Y ¿cuándo sucede esto? Cuando actuamos contra nosotros mismos.
Capacidad creadora o destructiva
A la hora de autoevaluar nuestra conducta y considerar qué es lo correcto o lo que nos influyen las normas interiorizadas en nuestra educación: las sociales, las culturales, las religiosas, que en ocasiones chocan contra nuestros deseos íntimos.
Sin embargo, los sentimientos de culpa pueden servirnos para mejorar como personas; sólo hay que saber diferencias su capacidad creadora de la destructiva.
Utilízalos para crecer
No todo es negativo en la culpa, pues tiene sus aspectos útiles:
- Puede incitarte a una acción positiva.
- Ayuda a perdonar y a perdonarte.
- Te hace ponerte en lugar de otra persona, utilizando la empatía.
- Conduce a la superación.
- Da paso a un sentimiento más evolucionado: justicia, igualdad, generosidad.
- Ayuda a aceptar la realidad.
- Te hace más consciente y sabio en experiencias de la vida.
- Te ayuda a madurar.
Rechaza su cara más dañina
Cuando la culpa se estanca en el pasado nos hace sufrir; por eso conviene identificar las situaciones en las que puede llegar a desencadenar conflictos interiores, como baja autoestima, inseguridad, tendencias depresivas…. Resulta destructiva cuando:
- Te impide actuar.
- Distorsiona tu forma de ser o de obrar, o te obliga a ser diferente a como eres en realidad.
- Bloquea tus relaciones con los demás.
- Provoca neurosis o depresión.
- Sirve para que otros te manipules.
- Te convierte en víctima.
- Te hace sufrir tanto que te lleva a la autodestrucción.
Acepta tus errores
Cuando nos equivocamos debemos aceptar nuestra responsabilidad sin miedo al castigo. Reconocer los propios fallos y asumirlos siempre es saludable, ya que esta actitud nos recuerda que podemos mejorar y, al hacerlo, el sentimiento de culpa carecerá de base y acabará disolviéndose. Porque no hay peor castigo que prolongar en nosotros ese sentimiento.
