La principal manera de sentir la fortuna es cerrando los ojos, respirar lentamente, absorbiendo el sentido de lo andado en nuestra vida, reconocer el resultado sin temor, abiertamente, sin mentirnos. Eso es buena fortuna. ¡Vivir!
Algunas culturas prohíben la posibilidad de jugar con loterías, apuestas de azar, dejar en manos sobrenaturales ajenas, el beneficio de un buen destino logrado por nosotros mismos. En realidad, la fortuna se acerca puntualmente a quienes creen en ella, trabajando para llegue lo mejor.
Al apostar alejamos del principal camino, aquello por llegar de manera espontánea. Desorientamos su rumbo, complicamos la estancia de la fortuna en nuestras vidas. Provocando nerviosismos, sucesos inesperados, atrayendo lo contrario. Eso encierra el mensaje de la llamada “mala suerte”. Muchos eventos llamados mágicos hacen regresar a la fortuna, alejar las malas vibras, reconciliarnos con la alegría.
Uno de los principales rituales para atraer lo bueno, es llamarnos en voz alta, pensando en reencontrarnos, antes de hablar con cualquier persona en la mañana. Despertar, bañarnos, tomar un vaso de agua con limón, gritar nuestro nombre, como una madre reclama la presencia de su hijo por una ventana tres veces. Nuestro espíritu regresará reseteado para usar nueva felicidad.
Otra manera, es bautizar siete piedras recogidas por su atractivo, con los nombres más bonitos de nuestra imaginación al acercarnos a casa, dejándolas en el camino de ida. Al día siguiente regresar por ese camino, recogerlas llamándolas por el nombre dado y el círculo de la suerte se activará.
Es bueno conseguir clavos de cementerio, ponerles velas tres días previos al viernes y comprar lotería con los números de las fechas de padres, hijos, nietos y un animal cercano. Enterrar un pan seco a la puerta de un convento, dejar flores a los muertos más antiguos y robar agua bendita para activar un autobautizo, renovarse en vida.
Se cree que los duendes dejan señales constantemente en la cocina. Manchas de café, granos sueltos enviándonos números afortunados, caras en los trapos de la cocina, cucharas cruzadas, huellas en el suelo llevándonos hacia otro camino, otro lugar. Lo importante es entrar a cualquier tarea alejando miedos, dudas, con la certidumbre de nuestra bondad equilibrada. Existen innumerables maneras de cambiar la forma de nuestra fortuna y la fórmula con que ella nos trata. A veces parece que carecemos de buena suerte llenándonos de resentimiento, vacío y dolor existencial. La mejor manera de tener a la suerte de nuestra parte es “Creer para llegar a ver”. La fortuna se espanta con los desconfiados, pesimistas o discordantes gratuitos. Una alegría ajena es la manera directa de festejar la llegada de nuestra fortuna. Quien se alegra de los éxitos de los demás abre la puerta a una fortuna buena. Dicen que la envidia, el prejuicio, y la falta de respeto a los otros es lo que verdaderamente causa mala suerte. Los “liantes”, chismosos, mentirosos, los crueles, tarde o temprano recogen los envenenados frutos de su siembra. Se cree que los “malos” tienen buena suerte y es falso. Lo que comienza mal, acaba peor.
Amanecer pegados a una corriente de agua, ver nacer a un animalito, sorprender escenas donde confluyen elementos naturales es una forma de llenarnos de buena vibra, buena fe hacia lo que está por llegar.
Hay gente que, en su afán de no pertenecer a ninguna fórmula del miedo, atacan a los creyentes en la magia de las cosas. Los ridiculizan, catalogándolos como ignorantes, se burlan de sus creencias. Ese negacionismo destruye el ánimo de unidad, de colaborar, de solidaridad. Discrimina creando ambientes sediciosos a todo nivel. Quien divide pretende triunfar, siendo la realidad quien indica que el divisor generalmente acaba apartado de cualquier círculo armónico.
Si usas un vestido y eso atrae a gente buena, has logrado un fetiche mágico. Si un número te da seguridad de hacerte mejor, si una planta cerca de ti comienza a verdear es porque la fortuna anda rondando. No la desperdicies llenando de oscuridad los motivos, escarbando en los orígenes, simplemente disfruta.
La única mala suerte son las personas tóxicas, la suciedad física, forzar máquinas emocionales. Romper los sueños de los demás, destruir lo maravilloso con frases despectivas. Reaccionar prejuiciosamente es la manera efectiva de atraer la mala suerte. La libertad es el único antídoto contra lo oscuro, contra las fórmulas de sometimiento colectivo. Amar la vida es un amuleto efectivo contra cualquier maldad.
Sonko
