La envidia es el resultado de un proceso mediante el cual nos comparamos de forma negativa con los demás. Si desde pequeños nos han enseñado a descubrir lo bueno que hay en nosotros y en los demás, a no sentirnos inferiores por ser menos guapos, alto o listos, estaremos vacunados contra la envidia. Si, por el contrario, nos comparamos por sistema en vez de disfrutar de una relación entre iguales, la envidia dirigirá nuestro pensamiento.
Cómo evitar ser envidioso
- Alégrate de los éxitos de los demás y aprende de ellos para conseguir lo que tú te has propuesto.
- Si tienes confianza con la persona con la que compites, explícale lo que sientes. Te percibirás liberado.
- Note guíes por las apariencias. ¿Te molesta que tu amigo tenga un radiante coche nuevo? Piensa que quien confía en sí mismo tiene mucho más mérito que quien se afirma en sus posesiones.
- Cambia el chip. Convéncete de que no eres ni más ni menos que los demás, y que los bienes materiales casi nunca dan la felicidad.
El enfado: aprende a regularlo
El enfado es una respuesta adaptativa de nuestro organismo. Es normal que nos enojemos cuando algo nos molesta. Lo que puede resultar peligroso es que la frecuencia y la intensidad del enfado sean elevadas. Si gruñes por todo y el berrinche te dura demasiado, lo más probable es que vivas en una especie de angustia constante que te impide disfrutar incluso de lo más placentero.
Descubre la causa de tu mal humor
Actuar como un cascarrabias puede ser la manifestación de otros sentimientos, como por ejemplo:
- Inseguridad: te obliga a enfadarte porque te da miedo que los demás descubran que tú tampoco eres perfecto.
- Envidia o celos: te pones furioso porque te sientes menos que los demás.
- Dependencia: pretendes que todo gire a tu alrededor, y eso es imposible.
No caigas en la agresividad
El enfado apareced de forma gradual, y si no lo sabes controlar o canalizar de forma adecuada (hablando del asunto, modificando los pensamientos negativos, practicando relajación), puede desembocar en conductas agresivas de las que luego te arrepientas. Hay una técnica muy eficaz. Consiste en saltar con los brazos abiertos diciendo: “Estoy muy enfadado”. La situación te parecerá tan ridícula que al final acabarás riéndote de ti mismo.
