No hay cuesta, por pedregosa que sea, que no puedan subirla dos juntos.
El mundo necesita gente que ame lo que hace.
La envidia es una declaración de inferioridad.
Una mentira en dos palabras: “No puedo”.
Ver a alguien leyendo un libro que te gusta, es ver a un libro recomendándote a una persona.
Todo lo que hay en usted me recuerda a usted, excepto usted.
La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.
Estoy convencido de que la mitad de lo que separa a los emprendedores exitosos de los que no triunfan es la perseverancia.
La grandeza y el honor son como los perfumes, los que los llevan, apenas lo sienten.
Me enamoré de la vida, es la única que no me dejará sin antes yo hacerlo.
El que logra empezar un camino, lo tiene ya medio hecho.
Cuando las expectativas de uno son reducidas a cero, uno realmente aprecia lo que tiene.
Lo que oyes lo olvidas, lo que ves lo recuerdas, lo que haces lo aprendes.
Cuando el niño destroza su juguete, parece que anda buscándole el alma.
La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.
Solo porque alguien no te ame como quieres, no significa que no te ame con todo su ser.
Las actitudes son más importantes que las aptitudes.
El primer gran regalo que podemos dar a otros es un buen ejemplo.
La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea.
Reírse de todo es propio de tonto, pero no reírse de nada lo es de estúpidos.
El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza.
Ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad.
