Tejido
Tejer es escapar “con las justas” del abandono, de la fealdad, del silencio.
Tejo mucho, no me avergüenza… Es más, tejo para recuperarme de esa red que es la vergüenza.
Me avergüenza no ser precavido, dejar entrar seres ornamentales, trayendo su nada, su hambre por verse reflejados en el espejo de la poesía cuyo calor me guarece como madre buena. Me lío con esos falsos ángeles, daría mil años porque les cayesen esas madrugadas donde, sometido a la tortura de no poder llorar, tengo miedo al frío. Humanitos soberbios, estentóreos, con segunda piel, acicalando su vacío con frases extraídas de Facebook, Instagram…cerveza barata los fines de semana.
Tejo, tejo y tejo cual araña perdiendo la noción de las estaciones, dormida, confiando en la solidez de su tejido pertinaz, opaco hasta recordar la dureza de una piedra…
Tejer es como llover… luego la lluvia se estrella con su carita de gota en la ventana. Interrogándose por qué un hombre tan extraño, anuda, asciende y desciende por los recovecos floridos de una lana. Se pone a tararear canciones, amarrar palabras, columpiar desganos. Se pone a espantar a la soledad de los abrazos torcidos, se pone a ver el alma del aire, para evitar una orfandad de sonidos…
Tejo, por eso, tejo…
Sonko©®
